Nota por Hernán Panessi publicada originalmente en El Planteo. Más artículos por El Planteo en High Times en Español.

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Una cosa llevó a la otra y esa otra a otra más. En ese balcón del barrio de Caballito, en Capital Federal, no había más que ladrillos, concreto y una vista hacia otro tendal de balcones. Sin embargo, a pesar de criarse en el corazón de la ciudad, el horizonte del joven Ignacio “Nako” Peralta fue, inevitablemente, tiñéndose de verde. “De chico, no conocía ninguna planta”, agita hoy Peralta, el primer postdoctorado en cultivo de cannabis en la República Argentina.

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De adolescente, mientras eludía a los tranzas, Ignacio tomó contacto con la planta y pasó, de una década a la otra, de fumar prensado a producir flores exportables merecedoras de premios y galardones internacionales.

Conocedor de los reversos de las fábulas ligadas al cannabis, Peralta considera a esa parte de su historia como un valor agregado: “No soy sólo un científico, soy un cultivador científico o un científico cultivador”, se ensancha.

El llamado espiritual

Su vida cambió en el año 2016 cuando, promediando su doctorado en plantas medicinales, escuchó el llamado de Valeria Salech y sus compañeras de Mamá Cultiva. “Estaban abogando por la ley y pedían profesionales comprometidos con la causa”, recuerda.

Algo le pasó, algo vibró dentro suyo, algo sucumbió dentro de su pecho. “Fue bastante natural la manera de combinar mi experiencia práctica de cultivador con el método científico en pos de la causa social para mejorar la calidad de vida de la gente”, reconoce.

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Mientras tanto, en esas primeras reuniones y charlas con las Mamá Cultiva, Peralta advirtió que ahí había algo más, que tenía que participar sí o sí. “Quiero que todos los que necesiten cannabis puedan contar con tratamientos de calidad como el que tuve yo cuando era chico”.

“Cuando todavía se estaba trabajando en la Ley, ya se hablaba de tratamientos de epilepsia. Yo soy epiléptico, así que sentí empatía por esas madres. Y al ser epiléptico conozco las bondades de la farmacología la hora de otorgar tratamientos de calidad”, dice.

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Con la confirmación de la Ley 27.350, que habilitaba la investigación médica y científica para el uso medicinal de la planta de cannabis, el Dr. Peralta también reafirmó su misión: quería formalizar el cannabis dentro de la Universidad de Buenos Aires y el CONICET, sus instituciones formativas.

Una industria más grande

Su experiencia como bioquímico y doctor en Ciencias Bioquímicas especializadas en Fitomedicina lo colocó en un lugar estratégico. Enseguida, ya como becario doctoral, juntó voluntades y empezó a llevar adelante el primer proyecto de cannabis financiado por el CONICET en el que investigó a la cannabis sativa y a su potencial como medicamento.

“Tomé la posta de dar clases y divulgar lo que hasta ese momento se sabía”, asegura el Dr. Peralta.

Así las cosas, durante 2018, viajó a California para terminar con su doctorado. ¿Su objeto de estudio? La jarilla, un arbusto ramoso que se encuentra en las zonas montañosas del oeste argentino. Y lo hizo mediante una beca que obtuvo del Ministerio de Educación Argentino y la Comisión Fulbright, de Estados Unidos.

“En California me di cuenta que había otra industria que excedía a lo medicinal”, revela. De esta manera, la explosión de la industria recreativa también llamó su atención.

Trazar un camino

Rápidamente, Peralta retornó a Buenos Aires con la firme convicción de pedir una beca de postdoctorado. Quería estudiar formalmente el cultivo y la extracción de cannabis.

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¿Cómo fue el proceso para solicitar la beca para hacer un postdoctorado en cannabis?

—La fundamentación científica estaba. Mis antecedentes, también. A esa altura no había discusión científica: los hechos son los hechos. Recibí muy buen acompañamiento desde el instituto. Me otorgaron la beca, financiaron un proyecto grande. Se complicó la parte burocrática, los permisos para trabajar con cannabis. Los primeros seis meses de mi beca postdoctoral fueron para hacer trámites. Estaba dejando institucionalizado que hubiera líneas de investigación de cannabis en la facultad.

Ser el primero que atravesó ese proceso burocrático, ¿facilitó que hoy haya más becarios doctorales en cannabis?

—Sí, el proyecto que conseguimos hizo que hoy haya más becarios doctorales en cannabis. IQUIMEFA (Instituto de Química y Metabolismo del Fármaco) se está posicionando, está consiguiendo permisos para conseguir materias primas, importando insumos y, con él, obtuvimos la autorización para el primer cultivo universitario. No se pudo llevar a cabo por la pandemia, pero había que hacerlo. Tocaba.

Y en lo profesional, ¿qué significó ser el primer postdoctorado en cannabis del país?

—Significó una oportunidad enorme para confluir los 15 años de cultivo, con 15 años de carrera científica y la enorme posibilidad de trabajar directamente con la planta que quiero y que me apasiona. Fue hacer ciencia básica aplicada a la producción. Además, me dio la oportunidad de viajar a países donde el cannabis está más desarrollado. Y fue un broche de oro para mi carrera como becario.

Peralta for export

Por caso, su experiencia en CONICET fue muy valorada en el plano internacional y terminó abriéndole las puertas de la industria. “He sido bien recibido”, confiesa, “porque la industria necesita investigación y desarrollo ya que, gracias a la ciencia aplicada, la Argentina tiene una oportunidad para destacarse en esta industria global”.

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Entretanto, buscando ganar experiencia en cultivos de gran escala, para el año 2019, el Dr. Peralta viajó a Santa Marta, Colombia, para estudiar el cultivo de la compañía Avicanna. “El cultivo experimental de laboratorio no es el mismo de donde va a venir la materia prima”.

Y continúa: “En Colombia viví un aprendizaje continuo. La empresa me puso a disposición sus cultivos y su laboratorio. Pude aprender mucho de los cultivadores profesionales e intercambiamos mucho conocimiento. Fue una introducción a la producción a gran escala y a la investigación de campo”.

Allí anduvo seis meses, escribiendo ensayos de campo en una producción a gran escala de grado farmacéutico y orgánico. “Quería entender cómo afectan las variables medioambientales y de manejo agronómico a la producción de principios activos”.

¿De qué van los ensayos? De sus aprendizajes: no siempre mayor inversión resulta mayor productividad; los tutoreos, además de prevenir pérdidas y daños en las plantas, modulan la producción de cannabinoides; no siempre una mayor cantidad de nutrientes genera una mayor cantidad de cannabinoides; y, asimismo, desarrolló un método para determinar el momento justo de la cosecha usando cromatógrafos para estudiar la biosíntesis de los cannabinoides.

A la sazón, la publicación de estos ensayos es inminentemente.

Un cannabis mejor

Más tarde, en 2021, ya con esa nueva experiencia sobre sus espaldas, Nako viajó a Uruguay para trabajar como master grower. “Me tocó poner a punto desde cero una producción de flor fumable de CBD. Ahí pude validar muchas de mis ideas en un cultivo comercial a gran escala”.

Luego de un semestre en tierras charrúas, Peralta volvió al país para formar una consultora técnico-científica junto a tres colegas.

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“Mis compañeros, además de ser docentes e investigadores de gran trayectoria, tienen experiencia internacional en la industria. Pretendemos acompañar a la industria a través de nuestro conocimiento y experticia en todos los procesos de investigación, producción y desarrollo”, desgrana. El proyecto, de nombre NPR (Natural Products Research), tiene un lanzamiento tentativo para el mes de abril de 2022.

¿Cuáles son tus desafíos hacia adelante?

—Me gustaría seguir aprendiendo y aportando lo que sé. También, quisiera que se produzca cannabis de mayor calidad cada vez, un mejor porro para todos y, en consecuencia, mejor medicamento. Quiero seguir conectado con la planta, continuar aprendiendo de ella. Y que lo podamos hacer en un contexto legal de crecimiento y justo para todos. Todavía hay gente padeciéndola y nosotros estamos viviendo de esto.

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