Nota por Lola Sasturain publicada originalmente en El Planteo. Más artículos por El Planteo en High Times en Español.

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“No sé bien cómo pasó” es lo primero que dice Lu Gaitán, porteña, licenciada en ciencia política, astróloga, creadora de contenido y autora de dos libros, al ser consultada sobre cómo llegó al lugar en donde está.

Hoy es una de las principales divulgadoras -y una de las figuras más queridas por la comunidad- de una astrología que busca correr el foco de lo individual para centrarse en la conexión de los seres humanos entre sí, con su tiempo y con la naturaleza, con un lenguaje simple y sin pretensiones, descartando predicciones, fórmulas mágicas y estéticas brujeriles artificiosas. Una astrología “con los pies en la tierra”.

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Su background en ciencias sociales la convierte en un personaje muy particular dentro del mapa esotérico: condición que la hizo ganar la simpatía y el respeto de muchas personas que no se interesaban previamente del lenguaje astrológico por su condición de mágico y arbitrario.

Pero, obviamente, no está exenta de críticas y cuestionamientos, a los que ella intenta responder desde su visión integradora. Para ella, mirar el mundo a través de un cristal astrológico de ninguna manera significa negar cómo las condiciones materiales son aquellas que moldean la existencia humana. Tiene más que ver con darles un marco.

Gaitán es también una eterna aprendiz: es estudiosa y una acérrima defensora de las plantas sagradas y medicinales. Y hoy en día está formándose en filosofía junto al profesor Pablo Farneda.

Desde su visión multidisciplinaria, esta joven estrella de la astrología tiene mucho para reflexionar sobre las grandes luchas de nuestro tiempo, sobre nuestra relación -tanto personal como social- con las sustancias psicoactivas, sobre los aparatos de producción de conocimiento, religión y sobre la permanente tensión que significa vivir con un pie en la Tierra y otro en el cielo.

El viaje astral de Lu Gaitán

Gaitán, hoy con 35 años que aparentan ser varios menos, entró a la astrología de lleno cuando corría el año 2009 y estaba terminando la carrera de ciencia política. 

Atravesaba un período de crisis: salía de una relación de pareja abusiva, y corría un contexto sociopolítico en donde le costaba encontrar lugar para llevar sus intereses por la carrera que había estudiado a un plano laboral. Le interesaban la filosofía política y la ecología: dos ramas que pocas implicancias prácticas tenían en aquel entonces.

Buscando respuestas comenzó un proceso terapéutico con un astrólogo que también es sociólogo, y que le hizo conocer la disciplina desde otro lugar. Al conectar con esa astrología (según la llama ella) más power, decidió comenzar a estudiarla y tomársela enserio. 

lu gaitán

Ese fue el primer paso de su recorrido esotérico, que la llevó a practicar yoga, interesarse por otros lenguajes y prácticas ancestrales y cambiar su alimentación a una vegana.

Allá por 2015, entre #NiunaMenos y los reclamos por el aborto legal, Gaitán comenzó su proceso de reencuentro con las ciencias sociales. Finalmente la sociedad reclamaba por una política que incluyera esas cuestiones que siempre la habían interpelado.

“Ahí empecé a ensayar algún tipo de síntesis entre estas dos búsquedas, pero fue un recorrido bastante largo con varios momentos muy incómodos”, cuenta. Y no es de extrañar viniendo de un ecosistema académico tradicional que, a priori, rechaza paradigmáticamente a la astrología como campo de conocimiento válido. En su momento, sus amigues, la mayoría de ese palo, estaban completamente desconcertadxs: pensaban que estaba loca.

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Empezó subiendo contenido astrológico a Facebook allá por 2016, luego se mudó a instagram y afinó su propuesta: astrología, feminismo, ambientalismo y conciencia social. “Me ayudó mucho, pero también no, porque perdí muchos seguidores, al ponerme a hablar de feminismo y procesos colectivos”, ríe. 

Luego llegaron lxs seguidores, dos libros editados por Editorial Planeta (Alumbra la Luna y Asuntos de Venus) y los podcasts, que acompañaron a innumerables oyentes en pandemia, “Bruji Pop” y “Lucía y sus Gemelas”.

Magia ¿versus? ciencia

Al fin y al cabo, la motivación detrás de estudiar ciencias sociales o astrología puede no ser tan distinta: las preguntas por el ser, el inconformismo, una necesidad de comprender por qué hacemos lo que hacemos y porqué pasa lo que pasa. ¿Pero cómo coexisten estas miradas?  

La pretensión de que ambas se excluyen mutuamente parte del asumir que la astrología se pretende ciencia o de querer encajar su lenguaje dentro del método científico. Y no es así.  “En astrología estamos pivoteando entre identificar lo común, definir estereotipos y, además, lo absolutamente disruptivo. Por eso la astrología no es ciencia”, asegura Gaitán. 

“Pero es interesante ver cómo la ven otras culturas. Por ejemplo, en India es ciencia. Y para muchas culturas ancestrales también, estaba muy ligada a la astronomía. Pero dentro de nuestro marco actual no podemos definirla así. Me parece que es correcto, según el tipo de respuestas que puede darnos, pensarla como un lenguaje simbólico o como un arte interpretativo”.

La astróloga no cree necesario aclarar que abraza el discurso científico. Hoy en día, “esoterismo versus ciencia” le parece una grieta innecesaria “entre tantas otras que tenemos”. Y asegura: “Por ser astróloga no voy a dejar de estudiar la lucha de clases o de darme una vacuna”.

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La astrología, cuenta, no puede ni debe darnos certezas sobre la vida, sobre nuestra personalidad o sobre lo que nos va a pasar. Pero, entonces: ¿qué puede tener de rico, de valioso o siquiera de válido, un conocimiento que no aporta certezas en un mundo que se cae a pedazos?

“Creo que, más que nada en este momento, la astrología nos recuerda que los seres humanos estamos conectados no solo a otros seres humanos sino a los animales, a las plantas, al cielo. Eso es un montón para nuestra cultura positivista y capitalista. Creo que ese es el mayor aporte de la astrología en este contexto: y si bien puede llevar a algunas personas a un lugar muy narciso, de yo y mi personalidad y mi carta natal, su potencia está en la de ocupar un lugar de muchísima humildad en este cosmos en el que vivimos. La conciencia de ser parte de un sistema”.

Pero también reconoce y lamenta que esta mirada que piensa a la astrología y a las ciencias sociales como universos excluyentes es compartida por muchxs colegas esotéricos. Es crítica de las tendencias “apolíticas” de gran parte de la comunidad astrológica.  

“Con las ciencias sociales en sí es una conexión que todavía no está muy investigada ni explorada y, de hecho, muchxs de mis grandes maestres son muy reacios a tener un posicionamiento político o definirse por una ideología. Por supuesto que eso de por sí es un posicionamiento político, pero hay una pretensión de neutralidad por parte de mucha gente que se dedica a la astrología”, dice. 

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La astróloga cree que se está haciendo necesaria una profundización en la relación entre astrología y ciencias sociales. Y afirma que cada vez hay más politólogos, sociólogos, antropólogos y hasta economistas que estudian la astrología y que buscan ensamblar estos dos tipos de saberes. Cada evento, dice, puede ser analizado de múltiples maneras, de diferentes estructuras de conocimiento que funcionan en paralelo y no necesariamente se excluyen o se anulan entre sí. 

Hoy: urano en tauro

Según identifica, esta tendencia narcisista de considerar a la astrología como un lenguaje que le habla al individuo y sobre el individuo es algo del último siglo. “En la década del 70, la astrología se comenzó a nutrir mucho del psicoanálisis freudiano y de la idea de los Arquetipos de Jung”, dice. Ese fue el momento, según cree Gaitán, donde se popularizó una astrología de individuos y la figura del astrólogx como terapeuta. 

Pero a ella le interesa este conocimiento aplicado a lo colectivo: la astrología explica burdamente como para que cualquiera pueda entenderlo, marca porciones de tiempo, períodos, ciclos que atraviesa la humanidad entera.

Y habla de hoy: “Podemos decir, ‘urano en tauro’ o ‘la crisis ecológica y la potencia de los feminismos’, pero urano en tauro no causa la crisis ecológica ni tampoco es quién le da espacio a los feminismos. No hablamos de causa y consecuencia, ni hablamos de la fuerza de gravedad ni tampoco estamos hablando realmente del cielo, porque lo que hacemos es una representación del cielo. Estamos hablando de un tiempo: urano en tauro, que empezó en 2018”.

Y continúa:  “Entonces, en el tránsito de urano (la ciencia y también las revoluciones, las redes, lo colectivo) por tauro (la naturaleza, lo material, lo sensorial) va a ganar más fuerza la cuestión ambiental, el veganismo, el antiespecismo, la agroecología. Luchas de la naturaleza y el cuerpo: ‘mi cuerpo mi decisión’, la lucha por el aborto legal, o por los derechos de las trabajadoras sexuales. La digitalización del dinero. La virtualidad del trabajo”, enumera. “Urano en tauro es como una luz sobre un escenario”, ejemplifica. 

Astrología, ciencias y patriarcado

¿Por qué cree que la astrología prendió tanto, en un mundo tan reticente a lo esotérico?

La especialista cree que, dentro del mundo del esoterismo, la astrología es el lenguaje más popular o más aceptado por el tipo de organización de sus elementos. Se parece, al menos en su forma, a la ciencia: presenta un mapa, cálculos, efemérides, tránsitos. 

“Es el lenguaje que más se parece a lo que nosotros conocemos como occidentales positivistas. Hay algo en sus narrativas que nos resulta familiar dentro de nuestra cosmovisión”, explica. 

Tal vez, eso es lo que la diferencia de cuestiones como los registros akáshicos o la videncia: tiene, al menos en apariencia, una cualidad “tangible”. Pero para aquellxs que conectan puede ser una puerta de entrada para establecer otro tipo de conexiones con lo intangible, como pueden ser las canalizaciones.

Ésta condición inherente al lenguaje astrológico mismo le dio históricamente a la disciplina, cuenta Gaitán, un lugar dentro de los estudios de la “magia” muy privilegiado y, si se quiere, conservador, poco subersivo. Muy distinto a donde se la inscribe hoy en día. 

Y si hoy se relaciona a la astrología como algo “femenino” (como si fuera posible categorizar tal cosa), Gaitán destaca que no siempre fue así. “Históricamente, fue una disciplina de hombres. Primero porque aquellos que sabían astrología eran los que sabían leer y escribir y tenían que hacer cálculos complejos, un conocimiento que las mujeres no teníamos habilitado”, explica.

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Las “brujas” del pasado no tenían casi relación con la astrología: tenían más que ver con el tarot, la lectura de manos, los hechizos con plantas, el culto a la naturaleza, las experiencias sexuales más orgiásticas. Lo explica: “La astrología era cosa de varones privilegiados, que en esas sociedades patriarcales estaban tomando decisiones al lado de los líderes”. 

Lu Gaitán asegura que, si bien nunca hubieron tantas astrólogas mujeres como ahora, el patriarcado de la astrología sigue operando. Y ejemplifica: muchas astrólogas se dedican a investigar la parte emocional, mientras que los varones se suelen dedicar a cuestiones más técnicas o saberes de astrología mundana, como se llama a la astrología de procesos colectivos. En las escuelas de astrología, también identifica, se da mucho el caso de profesores hombres frente a un curso con gran mayoría de femenidades. “Y muchas mujeres en el marco de la consulta pero los congresos llenos de hombres”, ríe.

También, destaca, el sezgo patriarcal y heteronormativo de muchas interpretaciones, muchas veces atadas también a los mismos sezgos dentro del psicoanálisis. “Sí, hablaban de una época, es rico pero esa época ya no es la nuestra, y esas interpretaciones patriarcales como por ejemplo ‘Saturno es el padre’ son sólo una de las tantas interpretaciones posibles”, dice.

Brujxs

La figura de las brujas fue muy recuperada los últimos años por ciertos sectores del feminismo. Como símbolo de la opresión y la violencia patriarcal sobre las mujeres, como reivindicación de aquellas que murieron en vano y como una manera de hacerse cargo, pero también asumiéndose como portadoras de una fuerza, un saber ancestral, “inherentemente femenino”. Una condición de mágicas, de conectadas con lo sutil, para la que pareciera ser una condición necesaria y suficiente portar útero.

No es difícil entender por qué esta recuperación, al menos en ese sentido, es polémica y  muy cuestionada por los sectores más científicos del feminismo que, a su vez, rechazan nociones biologicistas. Desde discursos como este, es muy fácil caer en argumentos transfóbicos.

La astróloga señala que en Europa, previas a las culturas patriarcales, eran las culturas matrifocales. Culturas que solían adorar a diosas mujeres -entre ellas a la “gran madre”, que otorgaba y nutría con su cuerpo- donde las mujeres tenían un lugar relevante en lo público y podían vivir su deseo. “Eso luego fue barrido y dio paso a las mitologías patriarcales como son la griega y la romana -las dos muy vinculadas a la astrología que conocemos-, para luego dar paso al catolicismo y, ahí, las figuras mujeres comenzaron a ocupar lugares subalternos o directamente de sometimiento”. En estas mitologías, dice, las diosas mujeres están sometidas, están sufriendo o están excluidas, como por ejemplo Artemisa o Diana, la diosa de la caza, que es poderosa y libre pero vive en el bosque.

Por eso, Gaitán cree que es posible hacer una reivindicación de la bruja sin reducirla a cuestiones anatómicas o biologicistas. “La caza de brujas, así como la persecución a todos los cultos paganos, comenzó con el inicio del capitalismo. Las mujeres fueron las principales perseguidas, pero también se persiguió a lo que hoy llamaríamos maricas, a travestis. Y, para mí, eso es muy interesante de observar. El feminismo tiene que ir sí o sí junto al colectivo LGBTTQ+, son luchas necesariamente entramadas”, describe.

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Gaitán se dedicó en profundidad a estudiar el ciclo menstrual y su conexión con el ciclo de la luna. Pero sabe que un útero no te hace mujer, ni te hace esotéricx.

“Sí creo que hay algo de lo uterino y del ciclo menstrual que nos conecta a la naturaleza y con el cielo, simplifica esa conexión. Un lado brujx muy desarrollado, o muy potencialmente desarrollado, si se quiere. Pero, en esta cultura y en el año 2021, eso no es lineal. Te vas a encontrar con varones con un lado esotérico muy desarrollado y mujeres puramente racionalistas y cientificistas”, comenta. “Entre mujeres y disidencias sexuales y esoterismo hay una conexión y no la hay”, ríe. “La hubo, desde ya, cuando nos perseguían. Pero es mucho más complejo”.

Y se lamenta: “En el esoterismo hay muchx terf (sigla para ‘feminista radical trans excluyente’) que tal vez no se dice terf abiertamente, pero que tiene y sostiene ese discurso. Cuando entrás en el terreno de hablar de menstruación, ahí saltan todas las terf esotéricas que están al acecho”.

Pero entiende que tanto las ciencias como la política y los terrenos más “duros” fueron históricamente negados a las mujeres y que, ahora, la lucha pasa por la recuperación de esos espacios. “Muchas mujeres feministas sienten que el esoterismo las coloca en el lugar del misticismo, y no es así”. Y hace énfasis en un detalle interesante: las tan famosas “brujas” eran protocientíficas. Usaban plantas medicinales, hacían abortos y eran parteras.

Plantas para el cuerpo y el espíritu

Las plantas medicinales son fundamentales en su vida y otro campo de estudio al que se dedica.  Entre ellas, por supuesto, incluye al cannabis, pero también a muchas otras, no psicoactivas y de uso extendido: manzanilla, melisa, marcela, diente de león, carqueja y un infinito etcétera. Sobre éstas aprendió junto a Susana Lucyk y Flor Fasanella. 

Las plantas, dice, la ayudan a relajarse, a centrarse, a desintoxicarse: limpian el cuerpo y, también, la intuición, la que ella llama “percepción sutil”.

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“Así que sí a todo lo que sea con plantas, en todo sentido. Comer plantas, fumar plantas, tomar plantas, estar entre las plantas, tener una huerta, tener plantitas… todo lo que sea con plantas va a estar bien”, celebra.

Su gusto por el cannabis viene de mucho antes que su interés por la astrología, el esoterismo y las sabidurías ancestrales, pero en esa etapa de su vida logró conectar de una manera mucho más profunda y trascendente con la planta.

Le reconozco al cannabis que me habilita entrar en mis emociones, algo que no me resulta fácil a priori. Suelo ser más mental, más dura”, explica la astróloga. “Me ha abierto las puertas de la percepción. Medio (Aldous) Huxley como lo digo, pero así lo siento”, asegura. También, en su vida cotidiana, Gaitán es adepta a las microdosis de hongos y las usa cuando se siente muy cansada, estresada o le cuesta enfocarse.

También ha estado en contacto y se ha dedicado a estudiar y a explorar con otras plantas de poderes psicoactivos: la ayahuasca, los hongos, la huachuma y los diversos cactus americanos. 

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Creo que son experiencias muy necesarias para sentir la conexión de todo lo que nos rodea, más allá de la mente. Eso de ‘todos somos uno’ lo percibí gracias a esas plantas. Y cuando me puse a indagar un poco más me di cuenta de que esas percepciones estaban en mí cuando era más chica, sólo que habían quedado tapadas. Porque nuestra cultura y nuestra educación no van en esa línea”, reflexiona.

Pero de todas maneras, asegura:  “No podemos hacer recetas universales y decir que todo el mundo debería tomar ayahuasca. Pero sí creo que hay mucho miedo en relación a las plantas y eso tiene que ver con la prohibición. ¿Cuáles son las plantas o las drogas que están permitidas? ¿Cuáles quedan por fuera de la norma en esta sociedad? Y si vamos a pensar en ‘norma’ y en ‘esta sociedad’, no podemos dejar de pensar en los sectores dominantes. Y ahí los laboratorios ocupan un lugar importante”.  

Estas plantas, considera, abren la conexión con lo trascendente. Y eso es peligroso para el statu quo. “Si nos sentimos conectadxs a un todo y sentimos que todo está vivo, hay un montón de violencias que están naturalizadas que ya no vamos a poder dejarlas pasar”.

Y va más allá:  “Estas son cuestiones que nos recuerdan que no somos máquinas y eso, para nuestro sistema, es terriblemente disidente. A veces tenemos ganas de descansar y no de producir. A veces nos preguntamos por qué y para qué hacemos lo que hacemos. Y vivimos en una sociedad mega bombardeada de deseos prefabricados e ideas de éxito”.

¿Cree que hay algo en el momento astrológico que estamos atravesando que favorezca estas discusiones sobre la legalización del cannabis y la importancia terapéutica de los psicodélicos? “Sí, tauro es la naturaleza y urano es, entre otras cosas, el saber científico. También estamos atravesando un tránsito muy largo de neptuno en piscis que nos trae la reconexión con saberes ancestrales y con el ‘lado mágico’. Estas plantas están ahí, mediando entre lo científico y lo más sutil. Me parece muy necesario”, explica. Y recalca en una obviedad: “Además, ¡los laboratorios usan plantas! Las plantas tienen principios activos. No es que es un delirio que nace de la percepción subjetiva”. 

La astróloga recalca la relación de estas plantas enteógenas con la mitología: son plantas dionisíacas. “Y Dioniso es el que perdió la batalla cultural”, ríe. Dionisio, dice, tiene un lugar marginal en nuestra sociedad, un lugar externo, de otredad. Y enumera lo dionisíaco: las experiencias sexuales múltiples u orgiásticas, las fiestas electrónicas.

Por eso, reivindica -con responsabilidad y cuidado- esas sustancias que abren al amor, la empatía y la sensibilidad. “Yo creo que son la versión sintética de estas plantas que mencionábamos. Pero es algo que nuestro contexto cultural le pone un borde y un marco. Algo que vivís una noche del fin de semana cada tanto, después tenés que volver a tu vida normal”, explica.

Ha probado LSD, éxtasis y MD. Le parecen súper interesantes y valiosas, pero identifica dos problemas: el bajón posterior y la imposibilidad de saber de dónde salen, cómo y con qué se producen. 

“Las plantas, por el contrario, no tienen todos esos efectos adversos. Pero igual cuando abrís mucho esos canales de emocionalidad, aunque sea a través de plantas, después la realidad muchas veces duele. Porque, ¿qué hago con todo esto de lo que me di cuenta?”.

Creer sin reventar

El feminismo vive una constante puja por correr a la religión y la iglesia de la discusión pública. En este contexto, esa simplificación que equipara esoterismo con religión parece apuntar directamente a discursos como el de Gaitán. Pero, ¿es lo mismo ser esotéricx que ser religioso?

La religión tiene inherentemente un componente esotérico: pero el esoterismo no es religión necesariamente. De hecho, puede ser lo contrario.

El camino esotérico puede ser una alternativa para aquellas personas con inquietudes espirituales y preguntas por lo intangible que no se sienten interpeladas por el sistema religioso. Lu Gaitán no se considera una persona religiosa para nada. Identifica a las religiones como instituciones, que marcan un ‘deber ser’, una normativa y una configuración de bien y mal, además de que tienen necesariamente figuras de autoridad. “En cambio, si tomás el esoterismo podés creer en Ganesha, en la Virgen María y en Iemanja. Si sos católico no, es excluyente”, explica. 

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“En la religión, para que haya contacto con lo divino, no basta con la interpretación del ser humano promedio. Tiene que haber una institución, un varón y un deber ser”, define. Para las culturas ancestrales, cuenta, Dios no estaba en las instituciones sino en la naturaleza. “Más Spinoza, pero Spinoza también perdió la batalla: la ganó Descartes”, reflexiona, cruzando nuevamente con otra de las disciplinas que estudia, la filosofía.

Y menciona el ejemplo de Juana de Arco, símbolo y gran referente, prendida fuego condenada bajo varias acusaciones: “Le decían que estaba loca porque hablaba con Dios y ahí volvemos sobre el monopolio de la palabra: solo la iglesia, y los hombres de la iglesia, podían hablar con Dios. También, según nuestras categorías de hoy, podríamos decir que Juana de Arco era no binarie, porque no se vestía ni lucía como se supone que tenían que hacerlo las mujeres. Y, además, la encontraron durmiendo con una mujer. En su figura se cruzan todos los temas”.

Foto por Maruja Caceres, editada en Canva

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